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Movidas y paranoias: 11/07

Movidas y paranoias

29.11.07

Mis Crónicas Vampíricas. Fascículo 17º.

Pues bien, cuando faltaba más o menos una hora para el amanecer fueron a buscarnos a nuestra habitación y nos pidieron que les siguiéramos, nos llevaron ante una especie de sala de operaciones, en el centro de la misma se hallaba el cuerpo de nuestro atacante fuertemente atado con cadenas a una camilla. Recuerdo haber preguntado por que lo tenían así atado, que si era necesario, ya que a mi me parecía que después de llevar tanto tiempo con esa estaca clavada en el pecho ya tendría que estar muerto.

Entonces, entró un hombre armado y quitó la estaca del cuerpo, imagínate mi sorpresa cuando esté empezó a revolverse, intentando soltarse de sus ataduras, después de un tiempo, no más de media hora, empezó a filtrarse el sol por entre las rendijas de una persiana semiabierta, en unos segundos los primeros rayos de sol, bañaron el cuerpo de la criatura, la cual empezó a gritar de dolor, no acerté a entender lo que decía, pues hablaba en una lengua desconocida para mi, del cuerpo surgían nubes de humo y fuego, y se desprendía un olor a carne putrefacta quemada, la visión era espeluznante y en menos de una par de minutos de nuestro atacante sólo quedaban cenizas, una ligera capa de cenizas que recubría toda la camilla, en la que este se encontraba.

Una vez, se nos hubo pasado la impresión, esos hombres empezaron a explicarnos lo que allí había pasado. Dijeron dedicarse a la caza y exterminio de los vampiros, y que pertenecían a una orden muy antigua, y que si ellos no llegan a estar siguiendo al grupo que nos atacó, podríamos habernos convertido en parte del grupo, o con un poco de suerte tan sólo nos hubiesen utilizado como alimento, y entonces nos habrían matado.

Después de unos días de reposo en el castillo, el líder del grupo se nos acercó para ofrecernos formar parte de su grupo, agradecidos por lo bien que se habían portado con nosotros, les dijimos que no, que teníamos asuntos pendientes que atender, lo cual era mentira, pero no queríamos vernos metidos en una guerra que a nuestro parecer no podíamos ganar. De modo que nos escoltaron hasta nuestro hotel, recogimos nuestras pertenencias y nos acompañaron hasta la estación de tren que nos llevaría hasta el aeropuerto, donde podríamos coger nuestro avión, para volver a España. Al llegar al aeropuerto, descubrimos con un gran horror que nuestro vuelo había sido suspendido, debido al puré de guisantes que se extendía a lo largo de toda la ciudad, y que lo más probable sería que no saliese de allí ningún avión antes del amanecer, por lo que nuestros protectores decidieron quedarse con nosotros, hasta que subiéramos al avión. Kristinne y yo estábamos aterrados, pues a pesar de estar escoltados por un pequeño grupo de caza-vampiros, no sabíamos de que tener más miedo, de nuestros supuestos protectores o de aquellos de los que nos protegían; ya que al rechazar su propuesta de unirnos al grupo, no estábamos seguros de que nos dejaran salir del país con vida. A eso de la media noche, el grupo de vampiros que nos atacara cuando aparecieron nuestros rescatadores llegaba al aeropuerto, pero esta vez en mayor número, mientras mataban a nuestros protectores, Kristinne y yo conseguimos escondernos, según mi parecer lo habíamos hecho bastante bien.

Pero al cabo de un par de horas descubrí con horror, que Kristinne no se había logrado esconder en un buen lugar, puesto que pude oír sus gritos de terror mientras la descuartizaban miembro por miembro para alimentarse de ella, cuando terminaron con ella me buscaron a mí, pero como puedes ver no consiguieron encontrarme, el amanecer se acercaba y se fueron, a donde quisiera que tuviesen su refugio. Cuando salí de mi escondite, estaba sólo, lo que quedase de Kristinne y de nuestros protectores había desaparecido, lo único que me quedaba era el recuerdo de sus gritos, así que salí del aeropuerto, cogí un taxi y volví al castillo. Una vez se hubo marchado el taxi, salieron a buscarme y les rogué que me aceptasen en el grupo. Pasé dos años entrenándome, para cazar vampiros, y ahora una vez terminado el entrenamiento, me mandaron buscar al grupo de vampiros que mató a Kristinne y a nuestros protectores, los cuales se hayan en esta ciudad, además me han ordenado que mate a todo cuanto vampiro se cruce en mi camino.

Mjolnir, sé que no me lo merezco, pero he venido a pedirte tu ayuda. Y bien, ¿qué me dices?.

- ¡Muérete!.- le contesté.

- ¡ayúdale!.- me pidió Tatyana.- ayer me contaste, lo que pasó entre vosotros, piensa que si no hubiese sido por él quizás nunca nos hubiésemos conocido, y puede que incluso no fueses un vampiro; pero ten en cuenta lo felices que somos a pesar de todo.

- Tú debes de ser Tatyana, la hermana de Alicia.- dijo Aquiles.

- Ni se te ocurra acercarte a ella Aquiles, si haces el más mínimo movimiento sospechoso, te juro por la tumba de mis padres que eres hombre muerto.

- Tranquilo Mjolnir, no tenía la más mínima intención de hacerle daño.

- Esta bien Aquiles, te ayudaré, pero ahora hazme el favor y lárgate, tengo asuntos que atender.

- Esta bien, Mjolnir, adiós.

Una vez, se hubo ido.

- Tatyana, no sé que quieres que haga para ayudar a ese cerdo cabrón, pero estoy seguro de que no me lo ha contado todo y de que me he metido de lleno en una trampa. Ve a buscar a Oswaldo, pues me parece que en este asunto voy a volver a necesitar su ayuda.

- Esta bien querido, ahora vuelvo.

Cuando Tatyana se fue, decidí ir a la nevera a por algo de sangre, pues después de ver a Aquiles el día anterior desde la ventana se me había cortado el apetito y desde entonces no había tomado nada, de hecho llevaba ya varios días sin comer, más que lo necesario para aguantar hasta el día siguiente, así que entré en la cocina, abrí la nevera y comí, hasta que ya no pude más. Al poco de terminar de comer Tatyana y Oswaldo llegaron a casa.

- Aquí estoy Mjolnir, para ¿que querías que subiese?.

- El tipo con el que hablaste ayer, ¿lo recuerdas.?.

- ¿ese antiguo conocida tuyo?.

- El mismo. Quiero que lo sigas, y que averigües todo lo que puedas sobre él; pero ten cuidado y estate atento, según dice pertenece a una orden de cazadores de vampiros y podrían estar vigilándonos. Y desde esta noche y hasta que averigües todo lo que puedas, que nos pueda ser útil, nos encargaremos nosotros e abrir y cerrar el Mjolnir´s. Ahora vete.

- Si, me voy a tener que hacer cargo del Mjolnir’s ya me lo podías haber dicho antes y no hubiese vuelto a subir con Oswaldo.

- Primero tengo que ir a hablar con el príncipe, y necesito que vengas conmigo.

- Esta bien, vamos. Cuanto antes vayamos antes podremos volver, ya sabes lo que se suelen alargar las reuniones con el príncipe.

28.11.07

Mis Crónicas Vampíricas. Fascículo 16º.

Una noche, estando en casa con Tatyana me asomé a la ventana y allí estaba él, a punto de entrar en el Mjolnir’s, recuerdo que deseé bajar y arrancarle el corazón, pero me aguanté y volví al sofá a ver la tele con Tatyana.

A la noche siguiente, Oswaldo subió a mi casa para contarme lo que había sucedido.:

- Buenas noches, Oswaldo. ¿Qué sucede?.

- Verás Mjolnir, ayer vino por el Púb., un tipo bastante extraño, que decía conocerte desde hace tiempo y quería hablar contigo. Dijo llamarse Aquiles, pero ese nombre no figura en la agenda que me diste, así que le dije que estabas fuera de la ciudad y que ya hablaría yo contigo para ver si le podías recibir, en cuanto volvieses.

- Te dijo, para que me quería ver.

- No, sólo dijo que necesitaba hablar contigo.

- Esta bien, dile a ese bastardo, cuando vuelva esta noche que suba, que lo recibiré.

- Pero, ¿quién es?.- inquirió Tatyana.

- Un antiguo conocido.-respondí.- durante mucho tiempo fuimos grandes amigos, los mejores que se pueda imaginar, pero hace tiempo, cuando aún era mortal, de hecho algo antes de heredar este edificio y convertirme en alguien respetable me traicionó y se largo con todo nuestro dinero, y con la chica que nos gustaba a ambos. Dejándome en la más absoluta de las ruinas. Es por eso que nunca habéis visto indicio alguno de la existencia de ese ser inmundo.

- ¿cómo sabes que volverá esta noche?.- preguntó Oswaldo.

- Porque lo conozco muy bien y si no consigue dar conmigo esta noche volverá todas las noches hasta que consiga su objetivo.

- Esta bien, entonces le diré que puede subir. Ahora debo marcharme que va a ser hora de abrir el negocio.

- Hasta luego Oswaldo.

A eso de la una de la madrugada llamaron a la puerta, abrí y allí estaba, después de todo el tiempo que había pasado desde que me dejó aquella nota, Aquiles había ido a mi casa para hablar conmigo.

- Pasa.- le dije.- no te quedes ahí fuera.

- Gracias, te veo bien, parece como si siguieras siendo humano.

Entonces me paré en seco, me giré hacia él, le miré a los ojos, y allí, estaba de pie frente a mí y parecía de lo más tranquilo, como si el comentario que acaba de hacer fuera lo más normal del mundo.

- ¿qué has dicho?.- le pregunté.

- Que tienes buen color para ser un vampiro.

- No te entiendo, ¿a qué te refieres?.

- Oh!, vamos Mjolnir, no hace falta que disimules conmigo, se que eres un vampiro; cuando vine ayer, ya tenía algunas sospechas, pero cuando vi, que habías puesto un Ghoul al frente de tu Púb. Comprendí que era cierto, que te habías convertido en un no-muerto.

- ¿cómo lo supiste?.

- Hace algún tiempo, Kristinne y yo estábamos de viaje por Europa, cuando fuimos atacados por un grupo de gente de lo más extraña, iban vestidos con chupas de cuero, pulseras y collares claveteados, como los punkies. Nos rodearon y en el último momento, cuando todo parecía estar perdido, uno de ellos cayo al suelo, totalmente inmóvil, rígido como si de una tabla se tratara, tenía una estaca de madera clavada en el pecho, a la altura del corazón. El resto de sus compañeros salió corriendo sin mirar atrás y dejándolo allí tirado. Al poco llegaron unos hombres fuertemente armados, cogieron el cuerpo y lo subieron a la parte trasera de una Pick-up, en ese instante el que parecía ser el líder del grupo se dirigió a nostros y nos invito a que les acompañásemos. Por supuesto, después de lo que había pasado, y teniendo en cuenta que nos acababan de salvar la vida, accedimos, además yo quería obtener alguna respuesta, deseaba saber quienes eran esos tipos que nos habían atacado y por que precisamente a nosotros.

Al cabo de unas horas llegamos a un castillo, cogieron el cuerpo de la parte de la parte de atrás de la pick-up y lo llevaron a una especie de calabozo. Nos acompañaron a una habitación que parecía realmente cómoda y nos pidieron que descansáramos, que una hora antes del amanecer vendrían a buscarnos y nos explicarían lo que había pasado, y añadieron que esperaban que quedásemos satisfechos con la explicación.

En ese momento, no teníamos ni repajolera idea de lo que estaba pasando, pero preferimos quedarnos allí en el castillo antes que arriesgarnos a salir y correr el riesgo de volver a encontrarnos con el resto de la banda que nos había atacado, dentro del castillo nos sentíamos seguros, además si esos tipos hubiesen querido matarnos ya lo habrían hecho, o al menos eso nos pareció en ese momento.

27.11.07

Mis Crónicas Vampíricas. Fascículo 15º.

Historia de una amistad.



Para los que no me conozcan soy Mjolnir de Uru y soy un vampiro. Esta es una historia, según mi parecer de amistad. Ustedes pueden pensar que tengo una extraña forma de entender dicho término, sin embargo me gustaría que no forjasen ninguna opinión hasta que hayan terminado de ojear este relato. Lo que van a poder leer en estas líneas es un hecho real, me sucedió a mí personalmente y como toda historia que merezca la pena ser contada, empezaré a hacerlo por el principio; pónganse lo más cómodos posible y disfruten.

Bien, en esta historia tengo que romper una promesa que hice cuando todavía era mortal, juré que jamás mencionaría el nombre del que durante mucho tiempo, desde mi adolescencia, había sido mi mejor amigo, pero hechos recientes me han obligado a romper esa promesa.

Todo empezó cuando tenía 14 años de edad y conocí a Aquiles, no tardamos en hacernos grandes amigos, los mejores amigos que se podían encontrar. Como ya conté en otra ocasión nos conocimos en el instituto, tras ser víctimas de la misma novatada y también conté que nos vengamos con creces, así que no me voy a extender mucho más en este asunto. Saltemos hacia delante en el tiempo. Al salir de la universidad montamos un negocio juntos, fracasamos estrepitosamente; Pero a pesar de todo las cosas no nos iban tan mal, teníamos un dinero ahorrado y fuimos haciendo pequeños trabajos, nada importante, pero que nos permitían mantenernos a flote. Una noche mientras estábamos en una fiesta trabajando como camareros conocimos a una chica preciosa, se llamaba Kristinne, y sería la segunda mujer de la que ambos nos enamoraríamos y por tanto la segunda mujer por la que nos pelearíamos; No obstante era la primera que se interesaba por uno de nosotros, dos semanas después de conocerla nuestra amistad había desaparecido casi por completo, hasta que un día, cuando me levanté y me dirigí a la cocina a prepararme el desayuno vi una nota pegada en la puerta de la nevera que decía lo siguiente.:

“Estimado compañero de andanzas, te informo mediante esta nota, que llevamos ya dos meses de retraso en el pago del alquiler y que aunque le prometimos a nuestra casera que le pagaríamos los meses que llevábamos de retraso con el dinero que conseguiríamos de trabajar como camareros, además de un par de meses más como adelanto, no va a poder ser, puesto que me lo he llevado todo y me he largado con Kristinne. Además le he hablado a nuestra casera de tu situación actual y dice que si no te largas antes de las dos de la tarde se verá obligada a llamar a la policía para que te desalojen, así que yo que tú me daría prisa en salir de ahí, por que conociéndote seguramente no sean menos de las 13:30h; Por cierto, no pierdas el tiempo buscando tu ropa. Como no disponía de dinero suelto me la llevé para vendérsela al trapero, excepto claro está la que llevabas puesta por la noche, no me lo agradezcas, es que no tenía ganas de ponerme a quitártela, una última cosa, si tenías la intención de desayunar no te molestes en intentarlo, sabes también como yo que llevábamos un par de semanas sin comprar nada de comer, y además hoy me tocaba a mí hacer la compra.

Sin más que añadir a esta nuestra despedida te deseo un buen día. Y como no creo que volvamos a vernos, estate tranquilo me gastaré bien nuestro dinero.”.

Ahora comprenderéis por que decidí no volver a mencionar el nombre de esa rata traidora que durante un tiempo consideré el mejor de mis amigos, y después de leer el resto del relato tal vez comprendáis por qué decidí romper esa promesa.

Al acabar de leer la nota me arreglé como buenamente pude y salí pitando de la casa, ya que nuestra casera no era alguien a quien tomarse a la ligera, de hecho al bajar las escaleras me encontré a la policía que subía a todo prisa.

La cosa estaba realmente mal, apenas tenía dinero y no sabía a donde ir ni que hacer, los meses siguientes me los pasé durmiendo en el parque y aprovechando cualquier resto de comida que lograba conseguir. Hasta que un día me desperté en un calabozo, con una resaca que no conseguía entender de donde había salido. Después de un rato uno de los agentes se acercó a mi y me explicó que me habían detenido por escándalo público, al parecer me había gastado el poco dinero que me quedaba en comprarme una botella de Ursus y me la había bajado al toque, como podréis imaginar me cogí una cogorza de campeonato y por lo visto me dediqué a ir con el rabo al aire meando a todo el que se me ponía por delante, hasta que por fin llegué a la comisaría y le eché una meada de campeonato en toda la cara a un sargento, de más está decir que a él no le hizo ni puñetera gracia, pero sí a sus compañeros. Así que después de tomarme las huellas y de sacarme un par de fotos me enchironaron. Fue gracias a este incidente que el albacea de mi tío consiguió encontrarme y después de pagar mi fianza, me entregó la herencia que me correspondía por derecho, gracias a la cual pude pagarle a mi anterior casera el dinero que le debía y convertirme en un miembro respetable de la sociedad.

Aunque no venga a cuento, el sargento al que le oriné en toda la jeta, pidió que le concedieran el traslado a otra ciudad, por que estaba un poco hasta el gorro de las coñas de sus compañeros, pero por desgracia para él, al cabo de unos meses en esa nueva ciudad en la que nadie sabia nada del pequeño incidente que habíamos protagonizado se le acercó un perro y le meó en toda la pierna, esto provocó en el susodicho sargento una crisis nerviosa y se lió a tiros con todo aquel que se le metía por delante. Ahora se encuentra pasando el tiempo encerrado en un hospital psiquiátrico y si a alguien se le ocurre pronunciar la palabra mear al pobre hombre le da una crisis.

Volviendo a lo importante. Heredé, me convertí en una persona respetable, conocí a una chica estupenda y la vida empezó a irme realmente bien. Un día mi vida se transformó en no-vida y me vi obligado a cambiar algunas costumbres, pero conseguí adaptarme y seguí hacia delante sin volver a preocuparme para nada de Aquiles, hasta hace cerca de seis meses.

19.11.07

Mis Crónicas Vampíricas. Fascículo 14º.

En el momento en que llegaron los refuerzos del Sabbat, todavía faltaban 4 noches para que Ibnoguz llegase con los refuerzos que había ido a buscar por orden de Dramiel, sin que el príncipe y la primogenitura de la ciudad supiesen el verdadero motivo de su ausencia, ya que eso podría haber puesto en peligro su misión.

Las batallas transcurridas durante esas 4 noches fueron de lo más cruentas, sufriendo incontables bajas los dos bandos implicados, además los licántropos no hacían distinciones, vampiro que se les ponía por delante, vampiro que liquidaban, lo cual provocó que sus eventuales aliados se volviesen contra ellos, y acabasen por matarlos, no sin sufrir un gran número de bajas. Por fin a falta de una noche para la llegada de los refuerzos de Neftis, Ibnoguz se adelantó y con la ayuda de sus sirvientes Ghouls atravesó las líneas enemigas durante el día, que al no estar vigiladas por los licántropos resultaron fáciles de pasar. De esa forma consiguió llegar hasta Dramiel, y comunicarle las noticias, la cual se dirigió velozmente a hablar con el príncipe y la primogenitura.

- Dramiel, señora de los Tzimisce, a qué se debe vuestra visita.

- Príncipe, miembros de la primogenitura. He venido ante vos para comunicaros el regreso de mi chiquillo Ibnoguz.

- ¿Has dicho de tu chiquillo?, ¿aquel que creíamos muerto?.

- Sí, el mismo. Dejad que os explique lo ocurrido; para lo cual tendré que comenzar por el principio de todo, si me lo permitís.

- Esta bien, habla.

- Hace ya más de 1000 años mi sire le salvó la vida a Neftis un setita, que ya por aquel entonces tenía cerca de 1000 años, este agradecido le prometió que si alguna vez él o alguno de sus descendientes necesitaban de su ayuda que lo hiciesen llamar, y acudiría gustoso, para devolver el favor, que le había sido hecho.

Pues bien, acaba de llegar, se encuentra en las afueras de la ciudad a una distancia prudente, para que los del Sabbat no alcancen a verles y viene con toda su progenie, para prestarnos su apoyo.

- ¿Por qué no nos dijiste nada antes de hoy?.

- Por dos motivos. El primero era que no quería que os hicieseis ilusiones, y el segundo que sabiéndolo solamente yo, estaba totalmente segura de que Ibnoguz podría volver a entrar en la ciudad sin ningún problema, ya que los del Sabbat no se esperarían una acción de este tipo.

- Fuiste sabia mujer, y bien. ¿Cuándo piensan atacar?.

- Mañana, cuando el reloj del campanario dé la medianoche.

- Esta bien. Miembros de la primogenitura, preparad a vuestros clanes; mañana a medianoche atacaremos todos juntos y venceremos de una vez por todas a nuestros atacantes. Avisad a todos los miembros de vuestros clanes de que no ataquen a los setitas.

La batalla definitiva, fue la más sanguinaria de todas, después de casi 2000 años de no-vida Neftis encontró por fin la muerte definitiva, y junto a él cayeron todos los miembros de su clan, salvo los dos más jóvenes, que decidieron seguir cada uno por su lado. La población de vástagos de la ciudad bajó de 700 antes de empezar la última batalla a unos 300 aproximadamente, cuando todo se hubo calmado. Los Sabbat fueron aniquilados y del clan Tzimisce antitribu solamente cayeron Dramiel e Ibnoguz. Tanto el príncipe como los demás miembros de la primogenitura salvaron sus no-vidas, pero sufrieron graves heridas de las que tardaron en recuperarse. Una vez se hubieron curado, permitieron quedarse en la ciudad a los restantes miembros del clan de Dramiel, y como agradecimiento a su iniciativa, les permitieron formar parte de la primogenitura.

Esta es la historia de cómo un clan Tzimisce llegó a formar parte de la primogenitura de mi ciudad y por lo que yo sé, no hay ninguna otra ciudad de la camarilla en la que un clan antitribu se halla integrado en la misma, hasta el punto en el que lo ha hecho el clan al que estoy orgulloso de pertenecer, en esta gran ciudad, en la que nací dos veces. La primera como hombre y una segunda, ya como un vampiro. Espero que hayáis disfrutado con esta historia tanto como lo he hecho yo, sin más deseo despedirme de todos vosotros hasta una nueva ocasión.

18.11.07

Mis Crónicas Vampíricas. Fascículo 13º.

A los seis días de salir de la ciudad Ibnoguz llegaba a su destino. Se acercó a los guardias del campamento y mostrándoles el sello les dijo de forma impetuosa.

- Soy Ibnoguz, chiquillo de Dramiel y exijo ver a vuestro señor.

- ¿Exiges? ¿quién te crees que eres para venirnos con exigencias?. Sólo, por que traigas el sello de nuestro señor eso no te da derecho de tratarnos como si fuéramos basura y llegar dando órdenes. Te llevaremos ante él, pero no por que tú nos lo ordenes, si no porque es nuestra obligación para con él; ahora síguenos.

Ibnoguz siguió a los guardias hasta la puerta de una gran casa, entonces se detuvieron y girándose hacia él, le invitaron a entrar.

- Entra, y al llegar al recibidor sube las escaleras hasta el primer piso, y una vez allí, sigue por el pasillo de la izquierda hasta llegar a la puerta grande del fondo, llama tres veces y entra. Allí encontrarás a nuestro señor Neftis.

Ibnoguz siguió las instrucciones que le dieron hasta el último detalle, pero al llegar hasta la puerta grande dudó un momento, no estaba seguro de cómo debía comportarse, ante aquel que podía ser su salvador; no quería mostrarse demasiado impetuoso como con los guardias del campamento, ya que eso podía molestar al ser al que estaba buscando, pero tampoco quería mostrarse demasiado sumiso, debía hallar un comportamiento medio, después de pensarlo durante unos segundos, que a él le parecieron horas, entró en la habitación y con la mirada bien alta se dirigió al único ser que allí se encontraba.

- Mi señor. Soy Ibnoguz, enviado de Dramiel, chiquilla de Lorelei, y vengo a pedirte que cumplas la promesa que hace ya más de 1000 años, contrajiste con Lorelei y que tras su muerte, reafirmaste con mi sire Dramiel.

- Te noto nervioso, joven vástago.

- Sí, lo estoy.

- Haces bien, podría acabar contigo con sólo desearlo, de hecho si te hubieses dirigido a mí como lo hiciste con mis guardias probablemente lo hubiese hecho. Tienes alguna forma de demostrarme que eres quien dices ser.

- Sí señor, traigo esto. – dijo mientras con un pulso un tanto tembloroso le mostró el sello del que era portador-.

- Esta bien, reconozco el sello y cumpliré mi palabra, pero dime una cosa. ¿qué hacías escondido en ese baúl?.

- Verá. Mi sire decidió llevarnos a una ciudad de la camarilla para refugiarnos y escapar de un pequeño grupo de licántropos que nos seguían desde hacía varios meses, matándonos por pura diversión, por desgracia cuando llegamos a la ciudad nos la encontramos sitiada por unos Tzimisce del Sabbat y unos Assamitas, que decidieron aliarse con los hombres lobo que nos perseguían, para que les ayudasen en mantener ocupados a los habitantes de la ciudad mientras esperaban la llegada de los refuerzos, necesarios para acabar por fin con la resistencia de la ciudad y así conseguir su dominio. Mi sire me ha enviado ante vos para rogaros vuestra ayuda y así poder liberar a la ciudad del asedio al que está siendo sometida y que de ese modo se nos permita quedarnos en ella.

- De acuerdo. Ve a descansar, nos pondremos en marcha, mañana por la noche, después de que halla reunido a mis muchachos. Tardaremos bastante en llegar a nuestro destino, pero confío en que lo hagamos a tiempo.

- Esta bien, hasta mañana.

Ibnoguz, salió de la sala, bajo las escaleras y sin detenerse salió de la casa y del campamento, puesto que le parecían de lo más siniestros y se dirigió hacia el carro, para esperar hasta la noche siguiente dentro del baúl en el que ya se había acostumbrado a descansar, durante el día.

Tal y como Neftis prometió a la noche siguiente se pusieron en camino hacia la ciudad, llevando con ellos a todos los descendientes de Neftis, que en realidad no eran más de 200.

- Mi señor, Neftis. ¡Tenía entendido que tus vástagos eran más de 2000, pero realmente no superan los 200!.

- Cierto, nosotros mismos hemos hecho creer a nuestro enemigos que éramos mas de 2000, para así no ser molestados, ya que en una no-vida tan duradera como la mía me he hecho demasiados enemigos, pero temo que acabas de echar por la borda nuestra pequeña mentira. Confío en que mantengas nuestro secreto cuando todo esto acabe, si no te importa me gustaría que mis enemigos sigan creyendo que somos demasiado numerosos para ser atacados.

- Señor, esa mentira es de todo menos pequeña. Mi señora Dramiel, espera que llegue con unos refuerzos de más de 2000 vástagos y voy a presentarme tan sólo con unos 200.

- Dime una cosa, cuando lleguen los refuerzos del Sabbat, en ¿que proporción estarán con respecto a los de la ciudad?.

- Pues, serán unos 650 asaltantes, contra cerca de 1100 habitantes vampíricos de la ciudad.

- Pues cuando lleguemos nosotros seremos justo el doble, pero además llegaremos por la retaguardia, cosa que no esperan que suceda y si además conseguimos ponernos en contacto con los del interior y atacar a la vez, cogiendo a los Sabbat y los licántropos en un fuego cruzado, seguramente consigamos confundirlos lo suficiente como para que se empiecen a matar entre ellos y así nos facilitaran nuestra tarea.

En ese momento, en las calles de la ciudad, reinaba el caos, pues cientos de vástagos corrían aterrorizados en todas las direcciones sin ninguna posibilidad de escapar a su destino, pues al parecer los refuerzos del Sabbat, no tardarían más de un par de noches en llegar. Y si el pequeño grupo que se encontraba en la afueras se las estaban haciendo pasar canutas, que no podrían hacer cuando llegasen los 600 que se hallaban de camino a la ciudad.

15.11.07

Mis Crónicas Vampíricas. Fascículo 12º.

Al cabo de tres días de que Ibnoguz, hubiese salido de viaje, para realizar su misión, el príncipe hizo llamar a Dramiel, para que se entrevistase con la primogenitura de la ciudad.

- Señores miembros de la primogenitura, esta es Dramiel, la líder de los Tzimisce antitribu que hace algunos días llegaron a nuestra ciudad, para refugiarse de los hombres lobo, esperando que les diésemos cobijo. Bien, ahora que nos encontramos todos aquí reunidos, es hora de que discutamos si les dejamos quedarse, o por el contrario les obligamos a marcharse, exponiéndolos a una muerte segura a manos de los licántropos y de sus nuevos aliados, nuestros asaltantes.

Después de que el príncipe pronunciase estas palabras se alzó de su asiento el primogénito ventrue y comenzó a hablar.:

- Si me permitís. Al igual que todos vosotros, yo estoy convencido de que no nos podemos fiar de estos recién llegados; como bien sabéis todos, estamos siendo asediados por un grupo Tzimisce del Sabbat, y estos supuestos refugiados podrían ser en realidad espías que pretenden engañarnos, para que confiemos en ellos y en el momento en que menos nos lo esperemos acabar con todos nosotros. Sin embargo, es posible que nos estén diciendo la verdad y no estén relacionados con nuestros sitiadores, con esto no quiero decir que debamos confiar en ellos y dejarles quedarse.

Permitidme que me explique, podemos echarles de la ciudad y allá ellos con su suerte o permitirles quedarse, pero eso sí, bajo una estricta vigilancia. Hasta estar seguros de que no pretenden nada malo contra nosotros.

Ahora, si me permitís debo hacerle una pregunta a nuestra invitada. Como en ningún momento me he fiado de sus intenciones he hecho que algunos de mis Ghouls vigilen su casa día y noche, desde su primera entrevista con el príncipe y me han informado de que dos de sus Ghouls salieron a eso del mediodía siguiente a esa primera entrevista con nuestro príncipe. Los Ghouls en cuestión iban montados en un carro y llevaban en él toda clase de enseres, pues bien, quiero saber a donde se dirigen esos Ghouls y que es lo que pretenden con ello.

- Príncipe, miembros de la primogenitura, encargué a esos Ghouls que vendiesen algunos enseres que no nos serían de utilidad, para así conseguir algo de dinero, y según me dijeron lo mejor era ir a otra ciudad, que se encuentra como a cinco días de distancia y venderlos en el mercado de dicha ciudad, para de esa forma conseguir por ellos el mejor precio posible.

- Esta bien.- dijo el príncipe.- me imagino hacia donde se dirigen para llevar a cabo la transacción. Alguno de los demás miembros de la primogenitura ¿tiene algo más que preguntar?.

- Si señor, yo tengo algo más que preguntar.- respondió el primogénito toreador mientras se levantaba de su asiento.- según mis fuentes cuando llegasteis a la ciudad, vuestro clan se componía de 13 miembros, sin embargo en los últimos días, sólo se ha visto entrar y salir de vuestro refugio a 12 de esos miembros, ¿dónde está el miembro que falta?.

- No lo sé.- contestó Dramiel.- hace unos días salió a alimentarse y desde entonces no ha vuelto, por lo que yo sé a debido caer en manos de los licántropos, a pesar de que le advertí que no debía alejarse mucho del centro de la ciudad, pero a decir verdad nunca fue muy obediente.

- Está bien, por el momento nos conformaremos con esas explicaciones, puedes irte nosotros seguiremos discutiendo este asunto y te comunicaremos nuestra decisión dentro de unos días, pero quedas advertida, no hagáis nada de lo que os podáis arrepentir, por que estaréis siendo vigilados. Ahora, vete.

Dramiel, salió de la sala del trono y se dirigió a su refugio, para contarles a sus chiquillos que todo iba según lo previsto, y que ya sólo les quedaba esperar la llegada de Ibnoguz con la ayuda.

11.11.07

Mis Crónicas Vampíricas. Fascículo 11º.

Una vez ante el príncipe la líder Tzimisce se mostró sumisa, puesto que aunque era cerca de unos 300 años mayor que este, sabía que si quería que su grupo tuviese la más mínima posibilidad de quedarse en la ciudad, debería actuar con cautela, y ello requería mostrar respeto ante el príncipe, por que de lo contrario no dudarían lo más mínimo en cepillárselos, a ella y a sus chiquillos.

- Señora Tzimisce, ¿quién sois? Y ¿por qué habéis venido a esta ciudad?.

- Soy Dramiel, líder del clan Tzimisce antitribu que se ha adentrado en esta vuestra ciudad escapando de los licántropos y esperando que en vuestra magnánima bondad y sabiduría nos dieseis cobijo.

- Habéis de saber, que estamos siendo asediados por un grupo de congéneres vuestros del Sabbat y los primogénitos de la ciudad quieren veros muertos, pues no confían en vuestras intenciones.

- Sabíamos que estabais siendo atacados, y que por ello correríamos un gran peligro al entrar en vuestros dominios, pero aún así preferimos la muerte a manos de otros vástagos que seguir siendo aniquilados por esos malditos licántropos.

- Bien, hablaré con los primogénitos y les comunicaré vuestra petición, pero no os aseguro nada. De todas formas dentro de unos días convocaré una reunión, entre la primogenitura y vos, para que así pueda intentar convencerles usted misma de que nos podemos fiar de vosotros y de esa forma os dejen quedaros. Ahora Dramiel líder de los Tzimisce, levántate y márchate tu audiencia a llegado a su fin.

Después de oír estas palabras, Dramiel se levantó rápida pero suavemente procurando no realizar ningún movimiento brusco que pudiese alterar la relativa tranquilidad del príncipe, provocando así su ira; y volvió a su refugio para una vez allí contarle a sus chiquillos lo ocurrido en su reunión con el príncipe.

- Bien, ahora que estáis al corriente de todo, debo hablar a solas con Ibnoguz.

Se levanto de la silla en la que estaba sentada y le pidió a Ibnoguz que la acompañase, este se levantó también y la siguió.

- Ibnoguz, tu eres el mayor de mis chiquillos después de la muerte de tus hermanos Cananeniok y Mustraf a manos de Garnak y sus hombres, has de saber que eso conlleva unas responsabilidades para con el clan.

- Lo sé, que queréis que haga.

- Quiero que salgas de la ciudad.

- Pero eso supondría mi muerte.

- No, déjame terminar de hablar, no seas impertinente.

- Esta bien madre, no volveré a interrumpirla.

- Por tu bien espero que así sea. Como te iba diciendo quiero que salgas de la ciudad y te dirijas al oeste, tu misión consiste en encontrar un asentamiento setita, que cuenta con cerca de 2000 de estos inmortales, sé que la misión no es de tu agrado, pero es de vital importancia que la lleves a buen término, toma, este sello te será de utilidad para poder cumplir con tu misión.

Como te decía, debes de dirigirte hacia el oeste, durante tres o cuatro días, hasta llegar a la costa y después seguir hacia el norte hasta llegar al campamento setita, es imprescindible que no te desvíes de esta ruta por que sino podrías no llegar a tiempo. Para asegurarnos de que no pierdes mucho tiempo por el día, dos de nuestros Ghouls te acompañaran en tu viaje, así mientras tu descansas por el día, ellos podrán conducir el carro en el que irás escondido, para que los hombres lobo no te descubran al salir. Saldréis de la ciudad simulando ir a vender algunos de nuestros enseres para conseguir dinero y así poder comprar una vivienda digna de nuestras necesidades, tu irás escondido en un baúl, que formará parte de dichos enseres, no te preocupes es lo bastante amplio, como para que puedas realizar el viaje durante el día lo más cómodo posible.

- Pero, que es lo que queréis que haga una vez lleguemos a nuestro destino.

- Cuando llegues al asentamiento setita, muestra este sello a los guardias, te llevaran a ver a su señor, un vampiro que ya era viejo cuando mi señor era joven. Cuando te reciba cuéntale lo que sucede en esta ciudad, y dile que Dramiel, chiquilla de Lorelei, le implora que cumpla la palabra que hace más de 1000 años le dio a mi padre y que ahora en esta nuestra hora más aciaga venga a ayudarnos y de esta forma cumpla su promesa ayudándonos a liberar a esta ciudad de las tropas que amenazan con destruirla y así quedar libre de su compromiso, para con nuestro clan.

- Pero, que ocurrirá si el setita se niega a ayudarnos.

- Tranquilo, no se negará.

- ¿por qué?.

- Por que, le debe la vida a mi difunto señor, y cuando se enteró de su muerte envió un mensajero, para reafirmarse en su promesa.

- Madre, como sabes de la existencia de ese campamento.

- Por que el mensajero que me entregó el mensaje traía también un mapa en el cual figuraban todos los emplazamientos de los cuales disponía a lo largo de Europa.

- Y ¿cómo sabes que se encuentra precisamente en ese emplazamiento?.

- Por que hace casi dos meses, antes de la muerte de tu hermano Cananeniok, este me comunicó que mientras buscaba alimento en el pueblo en el que nos encontrábamos, escondidos de los licántropos por aquel entonces, había oído hablar a un grupo de setitas, que al parecer decían que debían preparar el asentamiento de la costa para la llegada de Neftis, su líder. Fue en ese momento cuando decidí que para escapar de los licántropos vendríamos a esta ciudad en la que ahora nos encontramos.

Prepárate, saldrás mañana, a mediodía, así cuando llegue la noche ya estarás fuera de peligro, date prisa, cuanto antes llegues al campamento setita, antes podrás volver con ellos y salvarnos a todos.

- Pero, ¿por qué no va usted?.

- Porque si salgo de la ciudad el príncipe podría pensar que intento engañarle y que en realidad estamos compinchados con los asaltantes.

Al llegar la hora de partir, los Ghouls cogieron el baúl en el que se encontraba metido Ibnoguz y lo cargaron en el carro, junto con otros enseres, simulando que partían de viaje hacia otra ciudad. De ese modo salieron sin llamar la atención de ninguno de los dos bandos.